Este retrato de la dignidad y de la depravación, de la aspiración y de la apatía, meticulosamente controlado, pero cargado de tensión y de furia, es la versión más mordaz y condenatoria de los Dardenne.
Costner demuestra que los westerns épicos pueden funcionar si su corazón está en el lugar adecuado, si los personajes son creíbles y si la fotografía es asombrosa.
El simbolismo resulta torpe y el diálogo está cargado de frases pesimistas. Aunque puede considerarse un melodrama aceptable, su intento de funcionar como una parábola sobre la opresión y los prejuicios es un claro fracaso.
Aunque el lenguaje cinematográfico 'hipster' de Cassavetes ha envejecido un poco mal y el estilo improvisado no es para todos, los temas que aborda, soportados por un grupo magistral de actores, siguen siendo apasionantes.
Truffaut presenta el triángulo amoroso de manera positiva y cautivadora. La interpretación de Catherine de Moreau encarna a la mujer europea moderna que emergió en la primera mitad del siglo XX.
La confrontación entre Wayne y McLaglen que se desata en el pueblo es una de las escenas más memorables de la película. Es una aventura perfecta para disfrutar en un domingo por la tarde.
Aunque todos los ojos estarán puestos en los cachorros, no se debe pasar por alto las actuaciones de Grodin y Bonnie Hunt, así como la villana en un estilo similar al de Cruella, interpretada por Debi Mazar.