Un relato bien construido. Los espectadores jóvenes disfrutarán su atractiva ética criminal, sus diálogos mordaces, su carismático reparto y su humor irónico.
Cautivadora. Aunque puede resultar complicado dejar de lado la incredulidad en los musicales de hoy en día, Grande y, sobre todo, Erivo logran sumergirnos completamente en la trama y en las vivencias de los personajes.
Este capítulo final de la trilogía ofrece una intensa catarsis emocional que complacerá a los seguidores de las entregas anteriores. Además, incluye un toque de humor entrañable que ayuda a equilibrar la sensación de melancolía.
Una continuación digna. Wright y Bassett brillan en esta secuela, mostrando personajes que se niegan a permitir que su dolor afecte su dignidad, mientras llevan con orgullo el legado de T'Challa.
Es una pena que se tome a sí misma tan en serio como para divertirse con el caos. Se distingue muy poco de la segunda saga de Marvel, y acaba siendo más de lo mismo.
La diversión brilla por su ausencia en la más reciente obra de Aja, que al principio resulta un tanto intrigante y ofrece algunos sustos, pero pronto se queda sin contenido.
Impactante ópera prima. Proporciona un tipo de angustia que tiene menos que ver con las posesiones demoníacas y más con el traicionero poder de una imaginación salvaje.
'Joy' no es la obra maestra de la narración compleja, pero cuenta con la virtud de ofrecer una trama cautivadora que se destaca de la historia olvidada.
Su aspecto es sublime, con sus brillantes nubes de eléctricos colores, pero el intento de encorsetarlos en una narrativa típica de William James relacionada con los sueños y la memoria no tanto.
Ozon juega con las expectativas del público de manera magistral, construyendo un intrincado paisaje psicológico que se sostiene en una trama esencialmente simple y enfocada en dos protagonistas.
Sus protagonistas mantienen un nivel de fascinación constante en la trama. Sin embargo, a pesar de la intensidad de las heridas que se reabren, hay una sensación de frialdad en el desarrollo.
En lugar de crear una atmósfera cargada de tensión, Wheatley presenta un melodrama que, aunque visualmente atractivo, resulta poco satisfactorio. A pesar de su ritmo desigual, puede ser entretenido.
Este remake pierde toda la esencia de la original, convirtiéndola en una obra cada vez más absurda hasta llegar a un final emotivo. Aun así, es un deleite admirar las interpretaciones de actrices tan versátiles como Williams y Moore.
Los estimulantes elementos musicales y la potente química de los actores principales no acaban de prevenir a este trágico drama sobre relaciones de su agresiva escasez de sutileza.