Los dos primeros episodios destacan por contar con actores de gran calidad, un diseño de producción y vestuario excepcionales, así como un notable esfuerzo por combinar elementos narrativos propios del drama de época con los del género psicológico.
El segundo largometraje de Florenc Papas ofrece una fascinante visión del paso a la madurez, acercándose a las dificultades de una madre y su hijo en medio de los disturbios civiles de Albania en 1997.
Zunic transmite el equilibrio perfecto entre fragilidad, terquedad y despreocupación, mientras que los personajes de Bannaq y Hachem Ebaji son adecuadamente polifacéticos e imprevisibles.
Le falta consistencia y cohesión. Las extensas secuencias con hermosos planos son placenteras de observar, aunque pocas veces logran conmover al espectador.
Es un debut prometedor de Mancini. A pesar de su simplicidad, la trama resulta convincente y concluye de manera agradable y natural. Ahora solo falta que el público explore el transcurso de la historia.
Otra película satírica que pone de manifiesto la desconexión de los ricos con la realidad. Es amena y divertida, aunque no destaca especialmente en su calidad.
La nueva película de Renato De Maria, aunque presenta aspectos técnicos aceptables y una idea inicial interesante, resulta ser un desorden que dificulta su disfrute.
Es intrigante en su conjunto, pero sus defectos se deben a que algunos de sus personajes principales están muy mal escritos. Sin embargo, las interpretaciones son impecables.
El primer trabajo de Grazia Tricarico es claramente ambicioso. Sin embargo, el platillo resulta ser demasiado complejo, con ingredientes que no aportan al conjunto y que desvirtúan el sabor original.
Clementi realiza una destacada labor al reconstruir de manera efectiva las emociones, sensaciones y pensamientos de los soldados, sin ningún tipo de adornos.
Lo nuevo de Kreuzpaintner es una obra preciosa. Su cambio de perspectiva hace que sea más atractiva e innovadora que otras películas del género, a la vez que respeta sus códigos y convenciones.
Una crónica impactante de la brutalidad de Rodrigo Duterte en su lucha contra las drogas. Es una obra valiosa e informativa, pero también un puñetazo en el estómago.
El último trabajo de Alexandros Avranas trata un tema muy delicado: el síndrome de resignación infantil. Sin embargo, la película avanza a un ritmo excesivamente lento y las actuaciones carecen de profundidad.