Kline muestra constantemente su característico sentido de humor retorcido y mordaz, y sus inadaptados personajes están meticulosamente detallados y cuidadosamente perfilados.
Su estilo observador, reforzado por sus actuaciones espontáneas y sus planos largos, muestra una ternura subyacente que equilibra su retrato cínico de la vida en Lagos.
Al equivocarse en sus prioridades, la película recurre a los clichés. Es una pena, porque cuando Chinn se enfoca en la relación madre-hija, la narración realmente destaca.
Una comedia desenfrenada que se sumerge en situaciones absurdas y diálogos ingeniosos. Aunque algunos momentos logran sacar una sonrisa, la trama flaquea en cohesión, dejando al espectador con la sensación de que le faltó algo. Es un esfuerzo entretenido, pero no del todo convincente.
Todo lo que se aleja de las interacciones entre estos dos personajes se percibe como un mero relleno narrativo, que desvirtúa lo que inicialmente hacía atractiva la historia.
Un remake decepcionante y carente de originalidad. Los dos actores logran extraer algunos momentos verdaderamente entretenidos de un guion monótono y repleto de clichés de Jon Hartmere.
Se conforma con explotar los sacrificios que hizo Fuller para lograr la fama sin explorar la inteligencia y la fuerza mental que la ayudaron a convertirse en una atrevida pionera en su campo.