Rampling, aunque con más años, brilla y se ve más hermosa que nunca. Se trata de uno de los más intrigantes misterios psicológicos que he tenido el placer de experimentar.
En cuanto a propaganda, esta obra supera con creces a los documentales pro-nazi de Leni Riefenstahl de los años 30, que parecen producciones amateur. No se trata simplemente de una película, sino de un verdadero dispositivo preventivo.
Deja de lado tus herramientas y prepárate para una verdadera historia de terror. Es una película cautivadora donde cada escena cuenta y el miedo que sentimos se vuelve casi intolerable.
Los clichés se apilan en exceso. Bay debe ser reconocido por sus constantes primeros planos, un montaje que resulta agobiante y la repetición de convenciones aburridas.
Bridges, un talentoso actor, se siente desorientado cuando su papel demanda emociones profundas. En contraste, Jones, fiel a su estilo, eleva a su villano a un nivel de gran entretenimiento. La trama presenta desafíos bien diseñados, acompañados de un intrigante suspenso.
Penn, quien además escribió el guion, satura la trama con múltiples subtramas que restan fuerza emocional, haciendo que la intensa obsesión de Freddy se diluya en el caos narrativo.
Es sorprendente que el mismo genio detrás de obras como 'Casi famosos', 'Jerry Maguire', 'Un gran amor' y 'Aquel excitante curso' pueda sentirse complacido tras redactar 117 páginas de este trabajo.
Un desastre de drama, sólo salvado por los asaltantes alados. Sabes que una película tiene un problema cuando estás deseando que sea la humanidad quien pierda.
Sea de lo que sea que trate, está hecha a medida para su público: es para aquellos que fantasean sobre tórridas tardes en habitaciones de hoteles europeos.
En sus momentos más destacados, transmite una energía alegre y vibrante. Sin embargo, en las ocasiones menos afortunadas, se aferra a la búsqueda vacía y constante de Allen por encontrar respuestas profundas.