Es, en muchos aspectos, superior a su predecesora. Se ha puesto mucho esfuerzo en amplificar las maravillas visuales y la energía de la original y se nota.
La 'Speed' de 1994, protagonizada por Bullock y Keanu Reeves, ofrecía un viaje lleno de adrenalina. Aunque no se puede calificar como una obra maestra, es innegable que proporciona entretenimiento a su manera.
Rampling, aunque con más años, brilla y se ve más hermosa que nunca. Se trata de uno de los más intrigantes misterios psicológicos que he tenido el placer de experimentar.
En cuanto a propaganda, esta obra supera con creces a los documentales pro-nazi de Leni Riefenstahl de los años 30, que parecen producciones amateur. No se trata simplemente de una película, sino de un verdadero dispositivo preventivo.
Los clichés se apilan en exceso. Bay debe ser reconocido por sus constantes primeros planos, un montaje que resulta agobiante y la repetición de convenciones aburridas.
Bridges, un talentoso actor, se siente desorientado cuando su papel demanda emociones profundas. En contraste, Jones, fiel a su estilo, eleva a su villano a un nivel de gran entretenimiento. La trama presenta desafíos bien diseñados, acompañados de un intrigante suspenso.
Penn, quien además escribió el guion, satura la trama con múltiples subtramas que restan fuerza emocional, haciendo que la intensa obsesión de Freddy se diluya en el caos narrativo.
Es sorprendente que el mismo genio detrás de obras como 'Casi famosos', 'Jerry Maguire', 'Un gran amor' y 'Aquel excitante curso' pueda sentirse complacido tras redactar 117 páginas de este trabajo.