La interpretación de Penn es la nota de gracia de la película. Por muy divertidas e ingeniosas que puedan llegar a ser las películas de Allen, rara vez son conocidas por la profundidad de sus personajes.
Una parábola cuidadosamente calibrada que se cuela silenciosamente en tu corazón. Pocas película evocan la felicidad de una familia fuerte y bondadosa tan genuinamente como ésta.
En la novela, los personajes actúan como peones en un tablero de ajedrez intrincado y filosófico. Sin embargo, en la adaptación, Kaufman retrata a estos peones sin incluir la esencia ni la voz de Kundera. Esto convierte la historia en un juego más superficial, asemejándose más a un juego de damas que a una partida de ajedrez.