Lejos de recurrir al miserabilismo y a los golpes bajos, la directora Eliza Hittman ofrece una narrativa con ligeras turbulencias, que acompaña la cotidianidad de una joven de provincia.
Un universo fílmico que toma su inspiración del mundo real. Un relato con alcances corales en el cual la familia, los amigos y los vecinos tienen mucho que ver con el personaje principal.
Tiene todo lo que se puede esperar de ese tipo de películas: personajes queribles y bondadosos, una buena cantidad de chistes multitarget de fácil digestión y otros tantos basados en golpes contra cualquier superficie.
El estilo de Loach, a veces considerado televisivo, se evidencia en esta obra. Sin embargo, se percibe una concesión al drama que, en ciertos momentos, se traduce en un exabrupto final que intenta ofrecer una lección moral a un relato que no la requería.
Todo un festival de la bipolaridad que hace difícil anticipar su desarrollo. No se trata solo de prever la estética o la trama, sino también de valorar su calidad, sus logros y la fidelidad a sus principios.
Parece un telefilm, lo cual no sorprende, considerando que la directora ha estado dirigiendo series de televisión durante casi dos décadas. Si bien RBG tiene su éxito y la lucha por los derechos de las mujeres es un tema conocido, ya llegamos con esa información.
No puede evitar volverse convencional al adherirse de manera rígida a los giros y contragiros que cualquier espectador atento podrá anticipar en una historia de este tipo. Esta es la principal debilidad de un policial.
Es esa construcción esquemática y, sí, demagógica, la que impide que 'Tío Frank' sea mucho más que un drama de época sensible a los cambios sociales. Una película inspiradora, esa palabreja que, (...) suele esconder la mediocridad cinematográfica.
Serebrennikov amaga en algún momento con provocar caos en el plano, pero se echa atrás y, para dejar en evidencia que está filmando una película “joven”, fusiona clips musicales con la acción. Aunque esta elección no es desagradable, tampoco aporta algo innovador.
Montada sobre un guion de alta precisión, esa mecánica es posiblemente el principal problema de la película de los hermanos Alayan. En la sucesión dramática de 'El affaire…' no hay espacio para elementos que no contribuyan al avance de la trama.
El director Craig William Macneill opta por mantener una distancia emocional, presentando un relato que deja en el aire el misterio sobre la verdadera personalidad de Lizzie, la protagonista.
Por mérito propio la serie cumple con lo que propone desde el primer minuto: tiene intriga, el tono oscuro, momentos de genuino humor, efectos especiales y buena producción. Y lo hace chasqueando los dedos. Dos veces.
El director israelí utiliza la distancia emocional propia de la vida en el siglo XXI para dar forma a este drama íntimo y sobrio. Desde esa perspectiva, quizás ofrezca a sus heridos protagonistas, siempre con moderación, una valiosa segunda oportunidad.
El viaje en esta película se encuentra marcado por la interacción entre lo extraordinario y la locura, el exceso y la confusión, así como la ambición y la crueldad. Lo monstruoso se manifiesta en esta obra, reflejando perfectamente sus grandes aspiraciones.