Avery hace un buen trabajo al combinar el clásico terror religioso con una atmósfera y dirección de arte propias del mejor horror gótico. De entre la proliferación de películas de exorcismos que han surgido últimamente, esta se distingue, incluso por su título.
Logra algo tan difícil como sorprender al espectador de manera permanente partiendo de situaciones más o menos familiares tomadas de films más convencionales.
El guion no termina de cerrar, y las andanzas de Ainhoa no son tan atractivas como suponía el director, aunque a su favor hay que reconocer que siempre hay buenas imágenes.
La impresión que deja esta película es que se realizó de manera apresurada para capitalizar el éxito de la serie, y además ignora las consecuencias de la mayor catástrofe nuclear en la historia.
La película cuenta con imágenes atractivas y una actuación convincente por parte de la protagonista. Sin embargo, muchas escenas evocan una sensación de déjà vu.
Charlize Theron interpreta con intensidad a un personaje que puede eliminar a cualquier enemigo. Una extensa escena de acción, cargada de violencia y suspenso, se convierte en el verdadero clímax de la película, lo que la justifica por sí misma.
Tiene un endiablado ritmo mezcla de thriller y comedia negra que la vuelve especialmente recomendable, más allá de que las excelentes actuaciones del dúo protagónico son las que sostienen a esta sólida película.
La película no está entre lo mejor de la saga pero tiene grandes momentos de superacción y efectos especiales de primer orden, algunos de los cuales dan lugar a imágenes realmente alucinantes.
Es una película ya de por sí bastante fuerte y, especialmente para el final, Trapero se guarda algunos de los momentos temibles, con una escena que merece destacarse en una antología del cine policial argentino.
Esta película todo el tiempo da la sensación de dejar cosas afuera. Cosas que convertirían en algo más interesante un producto correcto pero que no escapa demasiado a las reglas y lugares comunes del género.
Algo que merece verse, sobre todo por los detalles de una sociedad en la que hasta la delación estaba planteada en contratos formales entre individuos y Estado.
Un sorprendente Jonah Hill es una de las excelentes razones para ver 'El lobo de Wall Street', maliciosa sátira de un Martin Scorsese que retoma su lado más cómico con más bríos que en 'After hours' y 'El rey de la comedia'.
Las buenas actuaciones, especialmente la de Josh Brolin, junto con el rigor formal, logran que la poco convincente "Aires de esperanza" sea interesante.