Sólo cuando el clima se oscurece un poco empieza a meterse más de lleno en el personaje de doble vida. La película es mas rara que realmente buena, aunque de todos modos tiene sus momentos.
Alex de la Iglesia combina su admiración por Billy Wilder y su venerado Berlanga en una comedia oscura, llena de gags ingeniosos y mostrando todo el talento del gran director español.
Es una película rara, que por momentos es genuinamente divertida y a veces se pasa de la raya, pero está muy bien actuada y parte de una idea ciento por ciento original.
Es casi tan potente como la primera entrega, con abundantes escenas de gore y chistes que realmente funcionan. Esta película representa el primer proyecto destacado de Andy Serkis como director y, tanto en aspectos visuales como narrativos, realiza un buen trabajo.
Hay varios detalles en contra, empezando por algunas inconsistencias en el ritmo narrativo y varios otros recursos visuales que parecen destinados a que la imagen básicamente distraiga y reste verosimilitud al conjunto.
Hay imágenes sin desperdicio y un grado de gore superior al de otras producciones Marvel debido a las furibundas características del marciano protagónico.
Lo que desequilibra la corta duración de esta película, que nunca deja de ser divertida, son los flashbacks en blanco y negro e inglés en secuencias que no aportan mucho salvo cortar la acción principal.
Promediando la proyección, el ingenio empieza a agotarse y los chistes se vuelven un poco previsibles. La película daba para más. La banda sonora jazzística es excelente.
Es otra exagerada y snob injerencia en las intimidades de la más desquiciada fauna hollwoodense. En un elenco desaprovechado, logra lucirse Julianne Moore.
Esto es lo que hay, y para deprimirse con este tipo de comedia dramática, que ni hace reír ni llega a emocionar, mejor esperar a que la pasen por cable o peor aun, que esté disponible en Netflix.