La película brilla cuando Aniston muestra su carisma natural, lo que la llevó a la fama. Sandler también mejora cuando se relaja y comienza a disfrutar, especialmente con los niños, con quienes parece conectar mejor que con las dos mujeres.
Ritchie demuestra que, cuando se lo propone, puede contar historias de manera clara y eficiente, logrando satisfacer al espectador incluso más que cuando utiliza un despliegue de efectos llamativos.
No es una mala película, pero carece de elementos que la hagan destacar lo suficiente como para justificar su creación o el esfuerzo dedicado a replantear la original.
Hay algo en la trama que sigue resonando y que tornó a este espectador un poco irritado del principio en otro que, 150 minutos después, trataba de buscar más Kleenex en el bolsillo.
Un remake de Hollywood innecesario. Esta versión, en esencia, no aporta nada. No es que sea una película totalmente despreciable, sino que carece de justificación para existir.
Esta nueva versión transforma la intensa narrativa en un thriller más tradicional, resultando en un combo de acción poco destacado que combina elementos de 'Rápido y furioso' y 'Mad Max', presentados con el estilo de un eurothriller diseñado para plataformas de streaming.
Agüero puede que no logre definir plenamente lo que significa "cinematográfico", sin embargo, su película es una búsqueda continua y coherente para captar esa esencia esquiva y mágica.
La obra de Cronenberg se presenta como un análisis estético y político que recuerda más a los trabajos de Straub o Godard que a su propio estilo. Resulta fascinante adentrarse en su mundo y descubrirlo.
Todo lo que se observa y se oye está meticulosamente organizado. Es una breve fábula que explora la compleja relación entre dos personas que se aman y se rechazan, representando un sentimiento que puede resonar en cualquier conexión que surja.
Una de las propuestas más audaces del cine argentino es una mezcla de road movie feminista, celebración del deseo y el placer, así como un poderoso manifiesto político.
Siempre lo que prima es la empatía, el cariño y la amabilidad entre entrevistado y entrevistador, en un estilo que recuerda al del brasileño Eduardo Coutinho.