[Crítica 3ª temporada]: Raramente se siente como una serie que machaca ideas en la cabeza de los espectadores sino que sabe manejarlas y distribuirlas en la trama de un modo más o menos lógico y hasta natural.
En cierto momento, la monotonía se convierte en una rutina cansina. Sin embargo, la película no presenta muchas más ideas visuales. Más adelante, adquiere un cierto nervio narrativo, pero eso ocurre demasiado cerca del final.
Tanto Keaton como Tucci logran aportar una autenticidad a sus personajes que trasciende lo que está escrito en el guion. Se establece una conexión creíble entre dos hombres que perciben el mundo de formas distintas.
Técnicamente impecable, esta remake del clásico de Disney de 1994 carece de una razón de ser más allá de su proeza técnica. Se presenta la misma historia, casi sin modificaciones, y le falta la gracia y belleza que caracterizan a la original.
Bayona logra que su película sea más hermosa, oscura, pausada y mejor narrada que la anterior, optando por contar una historia más modesta en escala, pero notablemente más humana en sus resultados.
La película repite de manera menos orgánica y convincente los códigos –el humor, la estética, la música– que hicieron funcionar al primer filme y no logra capturar su (relativa) originalidad.
Gracias al talento para la comedia del realizador neozelandés, es la más divertida y liviana, con un humor que se manifiesta constantemente, incluso cuando la línea narrativa sigue caminos bastante predecibles.
Es una película de aventuras bien elaborada, que respeta los códigos clásicos del género e incorpora algunos toques modernos que no afectan la fluidez ni la evolución de la historia.
Hay una maquinaria, liderada por Kevin Feige, que opera casi en piloto automático, lo que garantiza que ninguna película resulte por completo fallida. Sin embargo, el inconveniente es que tampoco logran alcanzar su máximo potencial.
La dupla que integran Jennifer Lawrence y Chris Pratt no logra insuflarle vida a esta rutinaria película de ciencia ficción, que posee una premisa ingeniosa y prometedora, pero su desarrollo es mecánico y carece de inspiración visual.
Un planteo original y un arranque simpático son las únicas cartas que tiene para jugar. A medida que avanza, se vuelve repetitiva, tediosa y mucho menos irreverente de lo que sus creadores piensan.
Ni la historia en sí ni los juegos en el tiempo son del todo malos. Sin embargo, las reflexiones son superficiales, los comentarios casi ridículos y en ciertos momentos resulta inevitable reírse.