Un sistema episódico que evoca el western clásico, aunque situado en el espacio, lo cual ha sido característico de 'Star Wars'. Si bien logró funcionar bastante bien, llegó un punto en que se volvió un poco repetitivo y predecible.
Aunque ofrece un análisis interesante de las conexiones entre la mitología en el cine y la realidad cotidiana, no logra cumplir plenamente su propósito como una película de entretenimiento para el público general.
Nada radical ni demasiado sorprendente, pero al menos termina siendo un producto simpático y no indigesto. La película es entretenida, visualmente más creativa que las últimas de Burton y con un guión que tiene mucho y bastante bien aplicado humor.
La idea de un documental que sigue a un multimillonario obsesionado con detener su envejecimiento resulta intrigante, pero al acercarse al personaje, se torna evidente que se trata más de una herramienta de promoción para su propio negocio que de un análisis profundo.
Para llevar a cabo una sátira social de calidad, es esencial gestionar adecuadamente los diversos componentes de la narrativa, sobre todo las interpretaciones y la plausibilidad de los acontecimientos, algo que en esta ocasión no se logra del todo.
Cuando se desvanece su enfoque mediático, la noción de una guerra que debe comercializarse como un producto se disipa, y con ello, la película también se desvanece.
Hecha a la medida de Cruise, acaso el actor más cinematográfico de todos los tiempos, uno que entiende que el cine es movimiento puro y hace que su cuerpo sea narrativa, su expresión trama y su sonrisa, felicidad.
Vuelve a ofrecer el espectáculo cinematográfico de Tom Cruise poniéndose al hombro, cual Buster Keaton del cine de aventuras, toda la acción y el espectáculo que uno espera –y pocas veces encuentra– de las mejores superproducciones de Hollywood.
A pesar de contar con ciertas secuencias de acción destacables, el filme carece de la fuerza y la unidad dramática que caracterizaban a su predecesora.