Una película de planos largos y no necesariamente lujosos pero siempre ajustados desde lo narrativo y lo observacional, pensados por alguien que parece tener muy claro su concepción de la puesta en escena.
Sorprende, primero, por su duración (son más de 160 minutos), pero eso se olvida rápidamente cuando uno empieza a ver el filme y se encuentra con una comedia encantadora, deliciosa, libre y muy humana.
Con humor, ternura y algunas situaciones un tanto estereotipadas, la película sacará adelante su previsible conflicto, apoyada en gran parte por la solidez actoral de Lennie.
El tono se sostiene y funciona la mayor parte del tiempo, logrando combinar situaciones en extremo delirantes con una honestidad emocional bastante llamativa.
El problema de la serie es que aquí se manifiesta la corrección política en su máxima expresión. Tig ha asumido el rol de juez de los personajes, mostrándose con condescendencia y maldad.
THE TREASURE ofrece una sonrisa, tan inusual y aparentemente absurda como la anterior, pero esta vez busca no solo alegrar al público, sino también a los propios personajes.
Parece sugerir que la utopía tecnológica no resuelve el enigma de las relaciones humanas. La alegría, el miedo y el dolor, virtuales o no, siguen siendo los mismos.
Lo que uno no logra nunca es sacarse de la cabeza que está viendo a un grupo de actores fagocitándose los textos y olvidándose que hay una cámara que amplifica enormemente cada cosa que dicen o cada gesto que hacen.
Los personajes se van volviendo más complejos con el correr de la narración y Triet tiene el talento y la inteligencia suficientes para que el espectador pueda entender, críticamente, las acciones de ambos.