El blanco y negro combinado con las brillantes actuaciones crea una narración tanto cálida como precisa, resultando en una experiencia tan dulce como amarga, un reflejo auténtico de la vida.
A pesar de que las interpretaciones logran dar vida a los personajes y las situaciones, un mensaje demasiado simplista y el intento de encasillarla en un género sin éxito, hacen que la película se quede en un intento fallido de transmitir algo significativo.
La película busca diferenciarse del género a través de observaciones ingeniosas y una narración rápida, pero carece de la inteligencia necesaria para justificar su enfoque. La historia termina cayendo en los clichés que intenta evitar.
Un buen complemento para la magia que encandiló a Broadway, pero lamentablemente toda esa chispa se perdió camino al cine. No todos los finales son felices, después de todo.
La trama es exagerada y los personajes se asemejan más a caricaturas que a personas reales, pero esa es su esencia. Aunque falta el humor y el presupuesto de trabajos anteriores, esta pareja de actor y director sigue mostrando su valía.
Tiene sus momentos que logran arrancar una sonrisa, pero el caos es excesivo para ser considerado serio, y se agrava con la aparición de la espía femme fatale interpretada por Amber Heard.
La principal fortaleza de la película radica en presentar dilemas impactantes. Es un ejercicio cautivador que seguramente pondrá a prueba la paciencia de quienes están criando.
Es una obra íntima y minuciosa, con un relato bien definido y actuaciones destacadas, que retrata la "crisis de los cuarenta" de una manera completamente innovadora.