Serkis construye su relato con evidente pasión por el proyecto, sin ahorrarle al espectador los momentos crueles ni la solemnidad forzada, con una fantasía que busca ser demasiado adulta, pero que se queda a medio camino entre ambas cosas.
La película es enérgica y utiliza hábilmente elementos presentes en el universo Marvel. La historia es entrañable y divertida, con la dosis adecuada de humor, música y espectáculo.
Se trata de una película con una impresionante gráfica digital, pero que mantiene la sensibilidad de una animación tradicional, realizada por los mismos directores de 'La sirenita'.
Con un humor blanco que siempre da en el blanco, referencias cinéfilas elegantes y un universo en el que dan ganas de quedarse, el resultado es un monumento a la paciencia y la plasticina que se siente mágico.
Una historia épica con momentos brutales y quizás demasiado énfasis sentimental, que sin duda emocionará (y horrorizará también) a todos quienes hemos llorado con historias de amistad entre hombres y animales.
Funciona porque es consciente de lo que habla: del reciclaje de las historias, de repetirse y de que los referentes -que tal relato viene de aquel relato- siempre están y estarán.
Sin una gota de sentido ni lógica, esta historia hará gozar tanto a los fans como a los no iniciados, con energía, ingenio e hilaridad para derrochar, y aprovechando todas las posibilidades que da la animación en todas sus técnicas para hacer una de las películas más entretenidas del último tiempo.
No hay mucha novedad en esta premisa de moda, pero el director Joe Wright imprime en la aventura un sello personal, colorido y elegante, que se siente lo suficientemente único como para desmarcarse de los vicios de la industria.
No es más que una atracción de parque temático llena de escombros, ruido y lugares comunes. Los protagonistas parecen ser poco más que personajes de videojuego que saltan obstáculos en diversos escenarios.
Las ideas de la película no harán que nadie vea el mundo de manera distinta, pero son una buena excusa para armar una historia que aprovecha al máximo su potencial de divertimento para mascar cabritas.
Muy interesante película con muchas fallas, pero que termina siendo única por el simple espectáculo. Y más encima en 3D. Profesores de historia, abstenerse.
Este último intento hollywoodense por resucitar a este ícono de la cultura pop hace muchas cosas bien, partiendo por el tono que es serio y nostálgico a la vez, y que les da a los personajes humanos conflictos interesantes y anclados en una realidad muy bienvenida.
Es liviana y consigue entretener con momentos espectaculares, pero se toma tan en serio su música épica y sus planos del protagonista bajándose del auto en cámara lenta, que pareciera que el director leyó un guión distinto.
Sin presentar nada que no hayamos visto ya en el saturado mundo de los "bichos", esta producción modesta se limita a entretener a través de humor ligero, música y un uso desbordante del color.
La falta de presupuesto y los problemas de tono y ritmo son evidentes, pero la ambición en su búsqueda de momentos (y de discurso) termina salvándola de ser un fiasco, y la deja a medio camino entre una buena película y un experimento interesante.
Una película que, tal como esos dramas de adolescencia, puede resultar intensa e inolvidable en su momento, pero que luego será vergonzosa en la adultez.
Esa liviandad tan asumida que evita cualquier atisbo de drama o sustancia es a la vez su virtud y su defecto: un buen rato que no puede ser otra cosa más que olvidable.