Pese al enorme potencial de su trasfondo emocional, no alcanza el grado de intensidad de afecto que uno espera en este tipo de obra. No lo hace mal, pero no lo suficientemente bien.
Se disfruta cuando dejas tu cerebro en otra parte. Puedes discutir lo estúpido que son los villanos, o simplemente pasar un buen rato y olvidarte de todo.
Sus crímenes carecen de la brutalidad de figuras como Ted Bundy o Ivan el Terrible, y no son tan extremos como los de Joe Exotic. Sin embargo, su relevancia radica en ser más realista y accesible que muchas otras historias.
La narrativa carece de profundidad y el recurso de la cuarta pared no se utiliza de manera efectiva. Sin embargo, es una película que se puede disfrutar.
No es muy original y, de hecho, ya se ha hecho mejor antes. Sin embargo, se las ingenia para mantener al espectador entretenido hasta averiguar cómo termina todo.