Lo más interesante está en su inicio, en el uso de los espacios y en la sutil intensidad de su protagonista. Sin embargo, su discurso no logra profundizar del todo.
Crónica romántica de la desaparición de un país. Ahí están, en embrión, todos los microconflictos que luego se desencadenarían en las siguientes décadas, y que aún persisten, como elementos esenciales en la existencia de Oriente Próximo. Es lo que realmente interesa.
Muy digna y muy animal sucesora de las dos entregas anteriores. (...) un 3D y una animación digital producida con tal cuidado (la huida de Montecarlo es un monumento a este arte) que sería muy injusto no reseñar su gran valía.
Un poco inflado, el filme destaca por su reparto ideal y un tono perfectamente ajustado. Su estilo casi teatral se beneficia del enfoque de Liza Johnson, quien, gracias al humor, evita caer en la pedantería.
Burton atrae 'Sombras tenebrosas' a su universo, pero el resultado se desmorona. La película está afectada por ciertos automatismos que suelen llevar a un producto más comercial que artístico.
Quizá la fuerza fílmica del inicio se diluya en un biopic más estándar a medida que avanzan sus dos horas y media de metraje. A pesar de sus limitaciones y de caer en cierta sensiblería, Gray se esfuerza por demostrar el Sueño Americano.
Un producto bien realizado y con un buen ritmo, aunque carece de atmósfera. Solo el encanto de Gyllenhaal logra sostener la película. Es una de esas producciones que aprovechan una premisa demasiado grande para ofrecer algo que resulta insuficiente.
El actor, a pesar de su pálida apariencia, no logra resaltar los momentos cruciales de la película. Esta falta de conexión por parte del intérprete, junto con la sobrecarga de estímulos que enfrentamos como espectadores, afecta negativamente el desarrollo frío, teatral y a veces excesivamente fragmentado de la obra.