Kiarostami se toma su tiempo, y su profundo respeto y cariño hacia los personajes, junto con la confianza y simplicidad de su estilo, hacen de esta película una experiencia realmente gratificante.
Hacia el final de la película, cuando Michael está en llamas y su máscara se descompone, recuerda un poco al aspecto actual de Michael Jackson. Esa imagen resulta realmente aterradora.
Es una película que se edifica a partir de momentos íntimos y cambios sutiles de atmósfera. Ozon logra extraer actuaciones destacadas de cada miembro del elenco, creando una obra en la que todos los elementos se encuentran perfectamente entrelazados.
No es un fracaso total, y algunas de las interpretaciones son encantadoras, pero nunca iguala la alegre e irreverente picardía que tenía sobre el escenario.
Llena de suspense e ingeniosa en su representación de los horrores de la guerra y la sofocante claustrofobia que se experimenta en la vida dentro de un submarino.
Tiene un lanzamiento sorprendentemente exitoso, con un montón de frases ingeniosas y una puesta en escena prometedora. Pero después de este prometedor comienzo, se hunde.
Jordan fusiona la tragedia familiar con un humor negro incisivo y el terror palpable presente en las obras de Goya, en lugar de sumergir su relato en la lírica y calidez de un lamento irlandés.
Marc Forster muestra un gran dominio del ritmo, creando una atmósfera cautivadora que acompaña la narrativa de personajes dañados en busca de redención.