Encantadora, aunque un poco sobrecargada. Es como si alguien hubiera tomado la sinopsis de 'Ratatouille' y hubiera cambiado la palabra 'cocinar' por 'música'. Sin embargo, cuando comienza a desarrollarse, la trama se vuelve más relajada.
Es como un episodio de 'Black Mirror', pero de baja calidad, poco inteligente y de imitación. Se siente como un experimento de bar que ha evolucionado en una película sencilla y de mal gusto.
La historia aborda varios temas complejos, como el racismo, el antisemitismo, la adicción, la codependencia y el desconcierto en un mundo posverdad. Sin embargo, la película concluye sin profundizar en estas cuestiones.
La historia destina tanto tiempo a ilustrar la infelicidad de la protagonista que se transforma en una advertencia acerca del costo de la fama, en lugar de continuar con la prometedora narrativa que se establece al inicio.
Una película deplorable y melancólica, similar a una pelusa olvidada del cine de Tarantino de finales de los 90. Mikkelsen transmite un profundo aburrimiento al interpretar a un personaje tan plano.
Gilroy y Gyllenhaal exhiben una química fascinante. Si bien 'Velvet Buzzsaw' pierde fuerza tras presentar su concepto, resulta emocionante presenciar la locura que generan juntos.
Una película de verano bastante tonta que carece de una trama sólida, pero sorprendentemente resulta ser muy divertida. Se perfila como un clásico del cine camp.
Da la impresión de ser una de esas películas que están pensadas para ser vistas una y otra vez hasta desgastarla, o hasta que le demos nuestro propio sentido y volquemos sobre ella nuestras pesadillas.
A veces puede ser un poco discordante, pero ofrece suficientes giros y momentos sorprendentes para mantener el interés a lo largo de la película. Sin duda, Christina Hendricks se lleva el reconocimiento mayor por su actuación.
La evolución de China resulta más cautivadora que el romance de Qiao con Bin, sin embargo, observar el desarrollo simultáneo de ambas narrativas es siempre un deleite.