La secuencia onírica creada por Salvador Dalí continúa siendo impresionante, y su interpretación revela la identidad del verdadero asesino. Es un análisis que cumple con su propósito.
Los argumentos, aunque inverosímiles, se apoyan en "verdades" derivadas de leyendas urbanas como la del Hombre del Gancho, lo que les añade un toque de diversión.