'Duna, parte dos', dirigida por Denis Villeneuve, presenta múltiples interpretaciones, desde lo cómico hasta lo grandioso, pero ninguna de ellas se siente completamente realizada.
se trata de una bien calculada provocación moral, que difícilmente dejará ecuánime a cualquier mexicano que haya vivido y sufrido la fallida e interminable guerra contra el narcotráfico iniciada hace tres lustros.
Berger, Naranjo y Volpi se enfocan en analizar las implicaciones políticas y diplomáticas del affair Florence Cassez-Israel Vallarta, en lugar de desenredar la compleja trama policial que rodea el caso.
Este tipo de ejercicios siempre son disparejos, ya que algunos cineastas se centrarán en crear pequeñas películas familiares que pueden resultar encantadoras para quienes están cerca, pero no siempre logran conectar con el público en general.
El mayor problema de la película radica en la falta de cohesión en su elenco. Saoirse Ronan brilla en su actuación, pero Emma Watson y Eliza Scanlen no logran aportar, mientras que Florence Pugh, aunque es efectiva como la Amy adulta, no convence en su interpretación como la versión infantil del personaje.
La historia se basa en una premisa interesante, desarrollada de manera efectiva con giros argumentales que, aunque se pueden prever, se complementan con una construcción de personajes muy atractiva.
Audaz adaptación que transita con destreza entre la insólita narrativa original de Gogol, la producción de la primera ópera de Shostakovich y las tensiones que enfrentaron el compositor y otros artistas de su época.
El guion original funciona a la perfección, como un mecanismo de relojería. Cada escena, diálogo o secuencia, por inusuales que sean, encuentra su justificación más adelante.
En su mejor película en mucho tiempo, el director alemán regresa a sus orígenes estilísticos y revisita la ciudad de Tokio con una mirada discreta y minimalista.
En 'Ascension', lo destacado es la manera en que se presenta un discurso bastante predecible: es un documental que se mantiene sereno, sin narración, sin textos que aclaren y sin entrevistas que expliquen lo que se muestra.
Construido con meticulosa precisión, 'A plena luz: el caso Narvarte' se presenta como un cautivador documental de misterio en el que, lamentablemente, se plantean más interrogantes que soluciones.
Esta película se adhiere a los elementos clásicos del cine de horror sobre vampiros, pero su enfoque visual y narrativo, más melancólico que sangriento, evoca una conexión con la faceta romántica del vampiro tanto en la literatura como en el cine.
Es un drama modesto y sencillo, pero se ha convertido en una de las películas más significativas del año, ya que brinda la oportunidad única de ver a dos leyendas del cine compartiendo pantalla.