Philippe Garrel regresa al uso del color y perfecciona su estilo, que es a la vez reflexivo y narrativo, enriqueciendo su obra con un toque de ternura familiar.
La esencia del trabajo de Girard se manifiesta en su minimalismo sofisticado, que, a pesar de su simplicidad, transmite profundos significados y ofrece a Isabelle Huppert y Tsuyoshi Ihara papeles excepcionales.