La serie combina un enfoque descarado con un toque costumbrista, celebrando el delirio y esa admirable habilidad ibérica de reírse de su propia identidad en medio de tiros y persecuciones.
La producción francesa presenta a una mujer polifacética en el papel principal. Cada episodio ofrece una mezcla de investigaciones y dilemas familiares, realzados por el magnetismo de su personaje central.
La serie establece conexiones con otros dramas de crímenes en la costa, como 'Bloodline', e incorpora elementos de lo procedural junto con la intensidad de 'Euphoria'. Sin embargo, lo más sobresaliente de esta ficción es su fuerte enfoque femenino, al estilo de Kathryn Bigelow.
La pareja es completamente opuesta, y esa diferencia es lo que le añade interés. Otro aspecto notable es el ambiente en el que se desarrolla la historia.
La entrega se adapta al western moderno en la vasta Oceanía. Aparte de ofrecer imágenes cautivadoras, la narrativa muestra las tensiones sociales presentes en la comunidad aborigen.
La dirección evoca series como 'The Night Manager' y 'Homeland' en un contexto de oficina. Aunque hay algunas persecuciones y momentos de acción, la verdadera tensión se desarrolla en los espacios cerrados donde se elabora la geopolítica.
Las licencias históricas, los diálogos ingeniosos, el tono audaz y la dirección estilizada son elementos esenciales de una narrativa que, a través del humor, revela las atrocidades del poder.
En 'The 8 Show' se entrelazan un humor constante, una atmósfera inquietante y exploraciones estéticas que fusionan lo posmoderno con elementos del cine primitivo.
El colectivo trans es presentado de forma auténtica y sin artificios. La cinematografía refleja la grandeza de la ciudad, complementada por una vibrante selección de música pop en vinilo.