La película de Jeff Fowler cuenta con los elementos necesarios para cautivar a un público joven, incorporando también algunos guiños para los adultos. La trama es sencilla pero efectiva.
Chris Sanders conoce las aventuras de animación, acierta con el ritmo y sortea los golpes bajos, apoyado por la exquisita fotografía de Janusz Kaminski.
Tiene buenas intenciones para inquietar al espectador y pudo funcionar como una evocación de los filmes de brujería de décadas pasadas, pero no logra mantener la atmósfera inquietante del inicio.
A lo largo de una hora y media, la película solo presenta sobresaltos y escasos momentos de verdadero miedo. Es lamentable, ya que la trama tenía el potencial de ofrecer mucho más. En esta ocasión, el resentimiento de la casa se siente apagado.
Es un ágil relato en el que confluyen la animación con plastilina, el humor y el fútbol. La película hace gala de su técnica a través de personajes que cautivan por sus movimientos y simpatía en un relato sencillo.
Payne se arriesga con un relato atípico. Una fábula de ciencia ficción que, en realidad, es menos ingenua de lo que parece y hereda el espíritu de clásicos, actualizándolos a los tiempos actuales.
La película presenta momentos más efectivos que otros, pero en general, es un buen entretenimiento lleno de tiroteos. Es una propuesta diseñada para resaltar el talento de Capusotto y captar la atención de su fiel público en cada actuación.