La historia, que era proclive al golpe bajo, está bien equilibrada y respaldada por un convincente elenco. Es motivo suficiente como para acercarse al cine.
La película de Jeff Fowler cuenta con los elementos necesarios para cautivar a un público joven, incorporando también algunos guiños para los adultos. La trama es sencilla pero efectiva.
Chris Sanders conoce las aventuras de animación, acierta con el ritmo y sortea los golpes bajos, apoyado por la exquisita fotografía de Janusz Kaminski.
Este es un filme ideal para los estudiantes de cine o para aquellos cinéfilos que todavía conservan el espíritu rebelde de los años '60, ya que no se trata de un biopic convencional.
Tiene buenas intenciones para inquietar al espectador y pudo funcionar como una evocación de los filmes de brujería de décadas pasadas, pero no logra mantener la atmósfera inquietante del inicio.
A lo largo de una hora y media, la película solo presenta sobresaltos y escasos momentos de verdadero miedo. Es lamentable, ya que la trama tenía el potencial de ofrecer mucho más. En esta ocasión, el resentimiento de la casa se siente apagado.
Ensalada de universos fantásticos que cuenta con correctos rubros técnicos, destacando la fluidez entre los distintos registros. Sin embargo, no logra profundizar en su tono mágico y didáctico, lo que la deja con un desarrollo superficial.
Reiterativa y carente del ingenio presente en otras obras del género, puede ser un entretenimiento efectivo para un público infantil. Sin embargo, los adultos anhelarán la chispa de los cortos originales de televisión.
Es un ágil relato en el que confluyen la animación con plastilina, el humor y el fútbol. La película hace gala de su técnica a través de personajes que cautivan por sus movimientos y simpatía en un relato sencillo.
Payne se arriesga con un relato atípico. Una fábula de ciencia ficción que, en realidad, es menos ingenua de lo que parece y hereda el espíritu de clásicos, actualizándolos a los tiempos actuales.
La película presenta momentos más efectivos que otros, pero en general, es un buen entretenimiento lleno de tiroteos. Es una propuesta diseñada para resaltar el talento de Capusotto y captar la atención de su fiel público en cada actuación.
La película presenta acciones repetitivas y diálogos que no logran crear el ambiente de suspenso ni la intriga que la trama necesita. El director parece haber atrapado su red en este relato, pero solo quedan los elementos superficiales y el suspenso se desvanece por completo.
Logra un peculiar equilibrio entre la comedia y las pinceladas dramáticas, construye un universo propio y resulta diferente al de otras propuestas del género.