Personajes creíbles y entrañables, con actuaciones entregadas y empáticas. Además, para evitar que se considere una narrativa lineal, hay saltos temporales y momentos sonoros y visuales que aportan un toque lúdico.
No es que se trate de una gran película, pero dentro de la categoría de dramas históricos con artes marciales, 'Shadow' recupera en gran medida el componente físico de las peleas, creando un universo que es tan artificial como hermoso e intrigante.
Si el punto de partida es que nosotros no podemos ver sino lo que filman las múltiples camaritas que forman parte del universo del film, al menos ese elemento debería ser respetado. La peor de la saga.
Excepcional prodigio que el realizador de 'Del tiempo y la ciudad' logra, sin descuidar su habitual búsqueda de belleza formal y la atención por la reconstrucción de época, en una película que no deja de crecer con el paso del tiempo.
En el marco de la obra de un realizador que sabe narrar y construir climas, así como utilizar las herramientas del cine para contar lo que desea, esta es, hasta el momento, su mejor película.
Se trata de una película amable, que se hace fuerte en su protagonista (muy simpática y empática la australiana Danielle Macdonald) y la relación de amor-odio con su también poderosa madre.
Como pocas veces antes, Wiseman se deja enamorar por la belleza de las imágenes. Más allá de su habitual filo, se queda en el adjetivo goce de ciertas superficies y procesos.
No será 'Marley y yo', pero tampoco el despropósito que muchos auguraban. Otra película de perros y, esta vez, es imposible que no se escape algún lagrimón.
En Castellitto se destaca la fuerza vital y animal. Su enfoque se contrapone a la explosión y expansión que prevalece en su labor como director. Sus películas tienden a ser excesivas, desordenadas y salvajes.
Woody Allen ha vuelto a hacer una película que no da ganas de salir de la sala antes de terminar la proyección. Eso a esa altura es una verdadera sorpresa. Y, claro está, una buena noticia.
Mucha acción física y una visión del pasado que se moderniza a través de giros excesivos y gore explícito, generando reacciones que van desde el asco hasta la risa. Es una fiesta perfecta para disfrutar en una función de trasnoche.
La música se entrelaza con las imágenes, intensificando su efecto. El director, conocido por un corto que presentó hace un par de años en Locarno, ha sido alumno de Alexander Sokurov, lo cual es evidente en su trabajo.