Típica comedia francesa actual en este caso, muy poco consistente. Tampoco importa la previsibilidad de las situaciones: lo que cuenta es la sencillez de la narración y la idoneidad de los actores.
Los protagonistas son inconsistentes y presentan contradicciones, el argumento se asemeja a un folletín del siglo XIX, y el guión recurre a giros inverosímiles.
Una gran habilidad para crear personajes e ir trasladando la narración de unos a otros. La película se ve con interés creciente, muy buenas interpretaciones.
Cercana a nuestra mejor tradición del esperpento, divertida a fuerza de deprimente o ridícula en el fondo, mientras que cuando se pone un poco seria y tantea el drama, la impresión es de inverosimilitud.
El protagonista es creíble, aunque resulta antipático. Los ritos judíos, tanto laicos como piadosos, son tratados con una ironía superficial. Lo más destacable es que la protagonista posee un atractivo tanto sensual como espiritual, lo que hace verosímil el enamoramiento.
Superespectáculo de superhéroes siempre con la perfección del espectáculo capaz de provocar asombro. Lo mejor es que toda la película y, en especial, el guion de Rhett Reese, constituyen pura comedia.
Un guion muy bien elaborado. Como comedia de equívocos y thriller, se destaca por sus diálogos ágiles con réplicas rápidas, lo que lo convierte en un entretenimiento de calidad.
El argumento, precedido de un prólogo impactante y desconcertante, constituye un ejemplo de teatralidad y de pretenciosidad. El humor negro se confunde con la truculencia y ofrece muy poco ingenio.
La comedia se sostiene sobre diálogos ágiles y con un toque de gracia que atraen a diversos espectadores, incluyendo a aquellos que son aficionados al género.
Los personajes son estereotipos que dañan la credibilidad del drama y casi anulan la ironía. La narrativa se siente como si hubiera sido extraída de una novela de principios del siglo pasado.