Desde el inicio, la película deslumbrante: la dirección artística desgastada, la iluminación casi en blanco y negro, y los efectos especiales se combinan para crear una experiencia visual impactante.
Inconsistente parábola que sirve como justificación para un espectáculo lleno de acción y elementos truculentos, aunque los momentos de humor intencionado son escasos en comparación con aquellos que resultan ridículos de manera involuntaria.
Torpeza narrativa: la acción es confusa de principio a fin, todo transcurre en la oscuridad. No queda claro quién es quién en las continuas peleas ni en las capturas de humanos.
Durante gran parte de la película se presenta como una casi comedia relacionada con la amistad y el lujo, pero luego se transforma en una intrigante trama. La dirección artística y el elenco logran crear de manera efectiva el conflicto que alimenta el suspense.
T tanto el guion como la realización se sienten acelerados. Sin embargo, destaca la resurrección del clásico género de submarinos, lleno de momentos de riesgo, y una producción visualmente impresionante.
El suspense se ve eclipsado por la brutalidad y el retrato de los personajes principales, que se diferencia notablemente del estilo caricaturesco de los escasos personajes secundarios.
Capta la atención del espectador pero también genera desconfianza en la veracidad de la ficción. Su narrativa evoca los modelos de la novela británica de este género, donde casi todos los personajes tienen secretos.
Un guion que carece de coherencia, presenta un humor circunstancial y busca apelar a la simpatía a través del localismo aragonés. La sátira del periodismo resulta un tanto tosca.
No logró provocar ni una sola risa. Se suma a la lista de obras que intentan ser satíricas de manera superficial, creyendo erróneamente que cuanto más desagradable y chochambroso, mayor será la aceptación del público.