Aquí hay un espíritu yanqui recalcitrante, a tal punto que el objetivo final parece ser reivindicar al ejército estadounidense. Está plagada de convencionalismos.
La mezcla de momentos cómicos efectivos con otros desconcertantes hace que la trama se fragmenta, perdiendo su dirección y sumergiéndose en la monotonía. Estos altibajos, aunque afectan significativamente el resultado global, reflejan el verdadero aburrimiento de esta extraña etapa que estamos atravesando.
Esta película, al igual que muchas producciones nacionales recientes, se enfoca en silencios, gestos y miradas en lugar de diálogos. Sin embargo, a diferencia de otras, esta economía de palabras resulta efectiva para contar su historia.
Intenta un planteo moral, investigando si el fin justifica los medios. Sin embargo, su guión es débil y presenta numerosas inconsistencias, convirtiéndose en un producto más de la oferta habitual de Hollywood.
A medida que avanza la película, las complejidades de los personajes desaparecen. Las inquietantes preguntas que surgieron en la mente del público se disipan, como si el director optara por brindarnos calma en lugar de permitirnos enfrentar la incomodidad.
Es una de esas películas en las que casi nada funciona. Intenta ser un policial con resonancias de la historia y la política argentina pero choca contra un muro de lugares comunes, malas actuaciones y escenas de acción que causan gracia.
El propósito de una película de terror es provocar miedo, algo que esta entrega no logra. Tal vez se deba a su mezcla de géneros o a lo predecible de su trama, que permite anticipar casi todo, incluso el desenlace.
En su esencia, la película logra su objetivo principal de divertir. Además, está repleta de elementos sorprendentes que añaden profundidad y equilibran la falta de originalidad en la trama principal.
La película no logra su propósito principal de entretener, convirtiéndose en un asunto monótono. Ni siquiera los guiños destinados a los fanáticos de los años 90 logran disimular esta deficiencia.
A medida que avanza la trama, 'El círculo' comienza a perder su coherencia. El guion se siente superficial y revela una notable falta de profundidad emocional en sus personajes, culminando en un final decepcionante típico del cine de Hollywood.
El tono de la historia cambia a medida que avanza la película, utilizando una voz en off en primera persona y presentando a los encantadores personajes del pueblo, creando así un estilo que se podría clasificar como "costumbrismo adorable".