Historia simple, con numerosos intentos evidentes por emocionarnos y una serie de lecciones superficiales. El guion está lleno de frases clichés y también presenta una espiritualidad poco convincente.
Audiard demuestra su calidad como director. Es reconocido como uno de los cineastas más destacados de Francia en la actualidad, y es probable que efectivamente lo sea.
'La Salada' no es una película perfecta; adolece de un ritmo narrativo efectivo y en ciertos instantes cae en el vacío que afecta a parte del cine argentino. Sin embargo, logra capturar la soledad y confusión que experimenta el extranjero, que es su objetivo principal.
Registro de un aséptico documental de observación que dejará a cargo del espectador no sólo la tarea de sacar conclusiones, sino también la de encontrar algún tipo de progresión dramática y descifrar las emociones de este impávido joven.
La palabra juega un papel esencial en la historia. Todo se desarrolla a través de los intercambios entre el profesor y sus alumnas, así como entre ellas mismas. Los primeros planos y los diálogos capturados tras cristales crean la impresión de que somos testigos de algo íntimo.
Aunque resulta entretenida y presenta un villano interesante, la trama podría no ser la más destacada. El mayor atractivo radica en su aspecto visual. Algunos personajes humanos, junto con la mayoría de los dragones, son encantadores. Además, los paisajes que exploran son simplemente deslumbrantes.
La película insinúa reflexiones superficiales acerca del impacto que tienen los padres en la formación de sus hijos y las huellas de los traumas de la infancia. Es un esfuerzo por encontrar un sentido en una obra que carece de él.
Esta simpática historia tenía el potencial de explorar caminos inesperados y convertirse en una especie de 'The Deuce'. Sin embargo, el guion opta por giros que restan frescura y la llevan a un desarrollo más convencional y predecible.
La película, en un momento dado, carece de conflicto. Se nota un esfuerzo por mantener al espectador en calma, lo que provoca que la acción disminuya su intensidad, dejando a todos satisfechos pero deseando un poco más de audacia.
El término “comedia de enredos” puede parecer obsoleto, pero eso no significa que no se pueda crear una versión efectiva. Sin embargo, 'Sólo para dos' no logra eso, ya que presenta situaciones forzadas que se han visto en muchas otras ocasiones.
Con una estética que a veces recuerda a la publicidad y otras al cine indie estadounidense, la película presenta momentos encantadores y conmovedores, aunque no logra mantener un ritmo constante.
Las interacciones entre los personajes resultan artificiales y los diálogos, aunque pretenden ser ingeniosos, evidencian que son solo una excusa para avanzar hacia la acción sin más.
La película logra captar nuestra atención al tratar de entender lo que realmente sucede. Quizás dejar ciertas sombras y dudas hubiera sido un acierto, pero estas obras no permiten la ambigüedad.