Lo que realmente la lleva a la estratosfera del entretenimiento embriagador es su mareante ingenio e inteligencia. Tiene un aspecto fantástico, es trepidante y maravillosamente bondadosa.
Se podría decir que es la mejor de las primeras películas de Malle. Es una obra objetivamente sólida y profundamente compasiva. Ronet brinda una actuación notable y llena de confianza.
Un western épico que resulta genuino e impresionante. Los sentimientos expresados son sinceros y su desarrollo dramático se muestra con gran seguridad.
La película recurre a una sátira poco efectiva, a un exhibicionismo que roza lo superficial y a un sentimentalismo que evade el reconocimiento de sus componentes homosexuales, así como la misoginia inherente a su enfoque.
No hay ningún cineasta, ni siquiera David Lynch, que se destaque por su originalidad al combinar el sinsentido con una lógica rigurosa, ni el humor negro con una profunda observación psicológica.