A pesar de que su crudeza puede ser un obstáculo, la película resulta muy atractiva y creativa, logrando sobresalir como una obra de acción al incorporar referencias a Nixon que el director Aldrich propone.
Al mismo tiempo anecdótica y reveladora, ilumina las catástrofes que asolaron el proyecto en particular y muestra, a través de la comparación, lo que se ha perdido en el cine americano desde los 70.
Las actuaciones son destacadas, acompañadas de un guion cautivador y memorable de Budd Schulberg. La atmósfera se maneja con gran precisión, generando un ambiente electrizante que atrapa al espectador.
El thriller clásico de Ray sigue siendo tan impactante y actual como en su primera proyección. La combinación de desesperación y soledad se presenta de una manera cautivadora y romántica.
Es bastante placentero, sin embargo, al compararlo con las comedias de Hawks que abordan las luchas entre sexos, a menudo se siente un tanto simple y sin profundidad.
La película es tan liviana y descaradamente convencional como los primeros trabajos de Allen, resultando en una experiencia curiosamente vacía, aunque en su segunda mitad es notablemente entretenida.