No es completamente satisfactoria. La interpretación de Lady Macbeth por Nolan resulta fallida. Sin embargo, es un cine audaz que se arriesga y está repleto de elementos creativos.
A pesar de la magnífica y vibrante representación del Japón del siglo XVI, así como la sobresaliente actuación de Nakadai, la película resulta ser bastante superficial y monótona.
La dirección logra crear un ambiente tenso, sin embargo, el débil guion y la exagerada actuación del sacerdote interpretado por Steiger destruyen el escaso suspense que podría haberse mantenido.
Una adaptación fascinante de la obra de HG Wells. Rains, con su voz nítida y sutilezas en la interpretación, tuvo la fortuna de destacarse, lo que lo llevó a convertirse en una estrella.
El mensaje sobre la complacencia que se ve afectada por el caos y la incertidumbre es habitual, pero los inesperados giros del brillante guion logran captar el interés del espectador.
Al mismo tiempo anecdótica y reveladora, ilumina las catástrofes que asolaron el proyecto en particular y muestra, a través de la comparación, lo que se ha perdido en el cine americano desde los 70.
Las actuaciones son destacadas, acompañadas de un guion cautivador y memorable de Budd Schulberg. La atmósfera se maneja con gran precisión, generando un ambiente electrizante que atrapa al espectador.
El thriller clásico de Ray sigue siendo tan impactante y actual como en su primera proyección. La combinación de desesperación y soledad se presenta de una manera cautivadora y romántica.
Es bastante placentero, sin embargo, al compararlo con las comedias de Hawks que abordan las luchas entre sexos, a menudo se siente un tanto simple y sin profundidad.
La película es tan liviana y descaradamente convencional como los primeros trabajos de Allen, resultando en una experiencia curiosamente vacía, aunque en su segunda mitad es notablemente entretenida.