Lacuesta crea una obra que establece un diálogo con las raíces del cine experimental y del documental vanguardista, transformando el montaje en el verdadero protagonista.
La apariencia de cinta irreverente y sarcástica esconde en realidad una profunda defensa del espíritu navideño. Con su colección de imágenes gamberras e inolvidables, se reserva un as crítico y mordaz en la manga.
A pesar de que la película tiene un trasfondo ideológico poco favorable, lo podemos tolerar, al igual que las artimañas y giros inesperados a los que Jeunet nos ha acostumbrado. Sin embargo, es inaceptable su uso tan descarado de métodos para alinearnos con el protagonista.