Hay hilos argumentales que ni Williams ni Teague saben llevar a una conclusión satisfactoria. ¿Pero como retrato de un hombre que se encuentra a sí mismo en su profesión y celebra su verdadero yo? Es extraordinaria
A pesar del cambio en la apariencia física de Cyrano, esta versión no es tan fresca o contemporánea como quiere ser. Algo se ha perdido, ya sea en las canciones, en las escenas o, más probablemente, en el guion.
Un rico retrato de una de las mujeres más influyentes de los últimos 50 años. Burnstein ha creado un documento histórico para las generaciones venideras.
El argumento es una mezcolanza de géneros que sólo funciona cuando Redmayne y Jones están en el aire. Y cuando esto sucede, la película se vuelve totalmente asombrosa.
Schoenaerts y el resto de actores muestran un gran compromiso, aportando más profundidad a los personajes de lo que el guion plantea. Sin embargo, el guion resulta débil y la ejecución se siente plana.
Interpretada de forma exquisita por Laura Dern, la película presenta algunos tropiezos a lo largo de su desarrollo. Sin embargo, la actuación de Dern logra elevar esos momentos.
Lo que la hace trascendente es la manera en que Decker utiliza el arte cinematográfico para desarrollarla, además de la fenomenal actuación de Howard. Una experiencia verdaderamente exquisita.
La perdedora de pueblo intentando abrirse paso en el mundo de la música no es exactamente la idea más original, pero consigue romper esa convención familiar con brillantez.
Donde ‘I Don’t Feel’ te atrapa es en el momento en que te das cuenta de que no tienes idea de a dónde se dirige, ya que constantemente desafía fronteras que nunca imaginaste que se podían cruzar.
Desde el punto de vista de la interpretación, Lister-Jones brilla en este papel. Su voz realmente merece ser escuchada, aunque presenta algunas irregularidades en ciertas secciones.
Simien quiere elevar, con todo derecho, a las mujeres negras en un género que claramente adora. Aun así, de alguna manera el resultado final te deja a medias.