Es una verdadera muestra de excelente cine, con un diseño narrativo de alta calidad, un manejo temporal meticulosamente trazado y una edición perfecta. Es terror del bueno. Vale.
No se puede ignorar que hay errores y descuidos en el guion, así como personajes que provocan la risa con sus diálogos. Sin embargo, el impacto es innegable, a pesar de que el doble discurso y algunas actitudes hipócritas estén presentes en la trama.
Trabajo realista y minimalista que va creando tensión de una manera propia del thriller, resultando incómodo por los detalles que nos confrontan con una realidad que, especialmente en Occidente, preferimos ignorar.
Quizás las elegantes postales cinematográficas sean lo más destacado de este largometraje, que carece de verosimilitud y desperdicia el talento de Sean Penn y Javier Bardem, lo que lo convierte en una experiencia poco recomendable.