Marion Cotillard aporta color emocional a un conmovedor documental híbrido. Una película que aúna de forma creativa recuerdos de archivo y recuerdos reconstruidos.
Parece ser una incursión de horror nihilista en la lína de 'Wolf Creek', antes de que sus trampas de torture-porn den paso a un peso moral tan inesperado para los personajes como para el público.
Aleccionadora, pero no exenta de ternura y humor, la amistad entre mujeres echa raíces en un lugar sin esperanza. Esta película, que compite en Locarno, puede tener una buena acogida en festivales, y suscitará interés entre los distribuidores de cine de arte y ensayo más vanguardistas.
Una película independiente modesta pero perspicaz, que no hace grandes afirmaciones sobre sí misma en sus escasos 89 minutos de duración. En lugar de ello, invita al espectador a mirar más de cerca.
Rodriguez intenta lo mejor que puede. Se percibe la influencia de Cameron, pero la película carece de profundidad y resulta excesivamente sencilla, como se espera de una obra realizada por encargo.
Rinde homenaje de manera impactante al espíritu y la estética de las obras animadas de Mamoru Oshii sin caer en el cosplay convencional. Se trata de un entretenimiento que destaca por su inteligencia y calidad.
Un estudio formalmente impresionante y emotivo de una cárcel de mujeres. Kerekes y el director de fotografía Martin Kollar logran presentar de manera estilizada el peculiar tejido social que se vive dentro de la prisión.
Un thriller psicológico que explora la migración espiritual. Aunque comienza de manera intrigante, su desarrollo se desvanece. Ofrece una combinación peculiar de esoterismo y una fuerte conciencia ambiental, sello distintivo en la obra de Llosa.
Un par de interpretaciones bien sintonizadas y mutuamente reflexivas de Alena Yiv y Shira Haas ayudan a este discreto drama a colarse con facilidad tanto en nuestra mente con en el corazón.
Una reflexión cautivadora sobre la feminidad en un entorno espacial mayoritariamente dominado por hombres. Es una experiencia cinematográfica realmente satisfactoria.
Una película ambigua, diseñada de forma escindida, tan llena de emociones e ideas quebradas e interesantes, que es difícil prever un final satisfactorio. Sorogoyen da vueltas en el estirado tramo final.
La película se sitúa en un nivel promedio, sin embargo, Adèle Haenel continúa la destacada tradición de magníficas actuaciones en los dramas de los hermanos Dardenne. En su trama, carece de una narrativa profunda y de momentos emocionales impactantes.
Un tenso thriller de una mujer enfrentándose al sistema, donde el suspense se desarrolla de manera eficaz, llevando la narración hacia un clímax que genera un pánico genuino y alarmante.
Una intensa y breve muestra de locura apasionada. Esta obra de media hora es imprescindible tanto para los seguidores de Almodóvar como para los de Swinton.
Levasseur ejecuta momentos de terror intensos con una mezcla de entusiasmo y tensión, resultando en una obra de horror con toques egipcios que es sorprendentemente absurda.