La provocación de The Guits es todo lo amable que puede ser algo tan abyectamente espantoso, aunque tal vez le falten algunos sobresaltos para alcanzar el estatus de culto que busca.
Un drama que escuece, inquieta y emociona, coherente con sus obras anteriores en cuanto a una sensibilidad narrativa cosquilleante y mareante que convierte un material aparentemente estático en algo volátil y cinematográfico.
La frágil variabilidad de la vida familiar se retrata de manera hermosa y dolorosa. En los momentos más destacados, esta película sencilla pero ingeniosa puede resultar ser una comedia profunda.
Un ejercicio indulgente pero interesante de terapia documental. Una obra defectuosa pero sincera que no llega a la altura de Roberto Rossellini, aunque esa es la intención.
La claridad en el rodaje y la complejidad de las actuaciones destacan, aunque el guion parece un borrador inicial en lugar de una obra finalizada. En su segunda película, Schroeder sugiere que tiene la capacidad para ofrecer visiones más elaboradas en el futuro.
Este psicodrama oscuro y cautivador, que trata sobre tensiones reprimidas, es un notable progreso artístico de los talentosos hermanos Zürcher, siendo menos evasivo y más intenso que sus dos primeras películas.
A pesar de no desarrollar sus ideas completamente, la película mantiene su impacto al abordar un problema de gran relevancia que permanece sin solución.