Habría que ser un verdadero cascarrabias para no disfrutar de la brillante actuación de Redford, irradiando encanto, sabiduría y carisma hasta el final.
Este drama único se sostiene en su inusualidad. Continúa siendo una joya para quienes están dispuestos a apreciar las maravillas que ofrece la televisión.
Mantiene el ingenio visual que hizo que la original resultara tan potente y fresca. Es una película completamente maximalista, agotadora y estimulante.