DiCaprio ofrece una actuación audaz y libre como Rimbaud, mientras que Thewlis brilla al retratar la angustia de un artista cuya relevancia ha quedado atrás.
Es una especie de fantasía carcelaria, en la que la mayoría de los chicos más populares de la celda se lo pasan en grande fumando cigarrillos, arreglando coches y rociándose con pistolas de pintura.
Todo indica que la película podría proporcionar un clímax lleno de acción. Sin embargo, tanto su narrativa como su temática no alcanzan esa expectativa. Con el tiempo, se vuelve monótona y carente de originalidad.
La premisa resulta ser tan surrealista e improbable que, de no ser por el enfoque directo de Frankenheimer, podría llegar a ser absurdamente divertida.
Es la película más sofisticada y divertida de la carrera de Eddie Murphy, una sátira elegante y astuta que ofrece numerosas interpretaciones cómicas enriquecedoras.
Eastwood asume su papel con maestría. Sin embargo, la trama se vuelve tediosa cuando Frank y su compañero, interpretado de manera poco convincente por Dylan McDermott, deambulan sin rumbo, restando ritmo a la historia.