La atmósfera es inquietante y está hermosamente lograda. La fotografía es tan buena como la de la primera temporada, pero no hay, en general, ni sus excesos ni sus manierismos. Pizzolatto recupera la brillantez.
No cuenta con la misma ambientación que 'Fariña', pero su guión despliega rápidamente una trama muy interesante. Sin embargo, algunos diálogos son difíciles de entender debido a la enigmática dicción de ciertos actores.