Un film que refleja la atención al detalle de su realizadora, quien ofrece una perspectiva crítica y compasiva sobre un mundo que le es familiar. Sin embargo, esta repetición carece de fuerza y se sustenta en una estrategia algo calculada.
La película recurre a un humor simple y poco sutil. A medida que avanza, se desvía de la ironía inicial y se enfoca en la historia de amor, lo que culmina en un desenlace ingenuo, similar al de un telefilm.
El filme destaca por su diseño atractivo, con diálogos ingeniosos y situaciones encantadoras, además de contar con un niño adorable. Sin embargo, se mantiene dentro de unas expectativas limitadas.
Es la mejor película de Carnevale, indudablemente tiene su sello y se ubica bastante más arriba que el resto de su obra. No oculta su ambición de entretener y dentro del cine industrial, es un producto más que digno.
El actor Martín Piroyansky ha lanzado su debut como director con una película de romance que destaca por su talentosa y sensible realización, además de contar con actuaciones memorables.
'El karma de Carmen' evoca el cine argentino de épocas pasadas gracias a su narrativa sencilla, presentando una estética impregnada de un eufórico naturalismo que se convierte en una necesidad formal.
La película, al igual que otras recientes, se enfoca en el conflicto interminable entre israelíes y palestinos. Aunque gira en torno a este enfrentamiento bélico-religioso, también da espacio a historias que atraviesan diferentes géneros.
La puesta en escena refleja la madurez del director, quien logra transmitir su visión desilusionada acerca de la naturaleza humana. Con una ejecución segura y sin pretensiones, cumple con las normas del género, resultando así en una obra efectiva y precisa.
El intento de crear una narrativa basada únicamente en efectos llamativos y viñetas creativas sobre el mundo femenino se ve frustrado por el contexto de una era egoísta y sin esperanzas.
Lo más delicioso de '3 días para matar' es que ni por un minuto se toma en serio y tampoco Costner, que hace lo suyo como un asesino que también es un padre tardío, una sesentón de vuelta de todo y por cierto, bastante canchero.
La película de Robert Luketic, más allá de su perspectiva ideológica y su actualización a la realidad actual, se presenta como un thriller que carece de energía.
La película sugiere que, a medida que avanza el tiempo, los recursos, las peculiaridades y las narrativas de este tipo de historias se van extinguiendo, mientras que sus creadores logran alcanzar una mayor relevancia.
Una puesta sencilla pero elegante, exenta de golpes de efecto y confiado en que el tiempo, del relato, del crecimiento de los personajes, hará lo suyo.
Una película intrincada y compleja, que esquiva la trampa de la simplificación para tratar de entender la complejidad de las relaciones humanas en la búsqueda desesperada por encontrar algún equilibrio, arañar algo semejante a la felicidad.
El relato se asemeja a los climas íntimos presentes en la obra de Lucrecia Martel y, en menor medida, en la de Celina Murga. Mumenthäler se sitúa a la altura del más destacado cine argentino de los últimos años.