Aunque tiene sus altibajos en cuanto a ritmo, en el fondo la historia sobresale como una incisiva mirada a la vida familiar y la naturaleza de la culpa.
Toma su ritmo y exprime cada fotograma de sus casi tres horas y media para invitar al espectador a realizar una actividad a la que el cine contemporáneo de Hollywood se resiste cada vez más: reflexionar.
La película no actúa simplemente como una carta de amor al antiguo Hollywood, sino que presenta el retrato de un artista que, por primera vez en su carrera, se da cuenta del poder que posee en una industria que siempre miró de menos.
Sin duda es un espectáculo de comportamiento digno de admirarse. Y es uno que nos deja con el tipo de preguntas sobre intenciones, remordimientos y motivaciones que cualquier filme que vale la pena nos deja.
Aunque 'Tocando la luna' está repleta de lugares y situaciones comunes que podemos identificar en muchas otras películas, consigue trascender estos elementos para ofrecernos una trama entrañable por sí misma.
A pesar de sus esfuerzos y de nuestras expectativas, la película se inclina más hacia el «fan service» que a ofrecer una historia que realmente merezca ser contada.
Regina King emplea un lenguaje audiovisual único para enriquecer la narrativa. King profundiza en la lucha de estos hombres y logra una eficaz síntesis de ideas que, de otro modo, requerirían explicaciones verbales.
Narrativamente, la película tarda en tomar impulso, pero una vez que lo consigue y logras engancharte, te ofrece un entretenido relato absurdista y sombrío.
Una interesante obra que vale la pena revisar, aunque termine sintiéndose un poco como una oportunidad desperdiciada. Es buena, pero pudo ser increíble.