Este filme se asemeja más a un extenso sketch de Saturday Night Live que a una verdadera película. Un musical depende de la calidad de sus canciones, y aquí no hay ninguna que resalte ni que sea pegajosa. Cada tema musical es más olvidable que el anterior.
La historia de amor que se desarrolla en la segunda parte es fluida y auténtica. Sin embargo, los deslices y contratiempos de la primera mitad carecen de dirección.
La película tiene buenas intenciones, pero su desarrollo es algo débil. Carece de los elementos necesarios para construir un thriller emocionante en el contexto navideño.
Hamaguchi presenta una encantadora perspectiva sobre los errores y las complejidades emocionales de la humanidad, mostrando una gran ternura hacia cada personaje, lo que lo posiciona como uno de los narradores más destacados de la actualidad.
Hace tiempo que la saga ha perdido su brillo, alcanzando una etapa donde su esencia se ha desvanecido y los personajes ya no presentan nada que despierte el interés.
Las películas de Hamaguchi siempre abordan el tema del amor. En esta ocasión, se profundiza en el desamor, reflexionando sobre lo que significa amar a alguien y cómo aprender a aceptar esa pérdida y las fracturas que ha dejado.
Tenía todos los ingredientes para ser una comedia romántica melancólica y escapista, pero no logra cumplir su propósito al analizar y superar los estigmas en torno a las enfermedades mentales.
Es desafortunado que la película termine siendo tan desconectada, ya que en esencia es una obra entrañable que explora la relación entre las madres y sus hijos.