Esta película presenta una notable falta de ritmo común en el cine religioso. A pesar de que hay elementos interesantes en la trama, 'I Can Only Imagine' parece esforzarse en pasarlos por alto.
La narración es relativamente floja. Hay poca diferencia discernible entre las elipsis que saltan a la mañana siguiente y las que saltan al año siguiente.
Las ideas que tiene la película sobre Barnum son increíblemente estúpidas. El deseo de Barnum de ser aceptado en la alta sociedad no es lo suficientemente creíble para ser interesante.
Lo que distingue a esta película de muchos thrillers sociológicos posteriores a 'Get Out' es la inteligencia y el estilo con que Taylor guía el desarrollo de sus entrañables personajes.
Smigel favorece la técnica de cámara al hombro, que, unida a su habilidad para los gags visuales, permite a Sandler mostrarse en una faceta diferente a la que estamos acostumbrados.
Aunque en ocasiones parece que la película se divide entre evocar la compleja vida de un boxeador y algunos temas recurrentes de entregas pasadas, Caple logra discernir la diferencia entre ambas con aplomo.
Lo que hace que 'Don't Look Up' sea una película del momento también la convierte en una película nada funcional, es más un ejercicio mental malhumorado, sombrío y ocasionalmente divertido.
El único suspense que perdura es el que proviene de preguntarnos en qué clase de película de terror se va a convertir. Es seria, pero no puede ser tomada en serio.
Las lecciones son tiernas, los actores infantiles son simpáticos y el público infantil probablemente la disfrutará en consecuencia. Sin embargo, que permanezca en su memoria durante 20 años o incluso unos meses es otra cuestión.