Un remolino extremo y repleto de adrenalina que trata dramáticos temas sociales, la deconstrucción de la identidad masculina y un cursi y arrogante descenso hacia los infiernos.
Durante los primeros dos actos, resulta entretenido observar cómo Shunsuke enfrenta diversos problemas con ingenio y un toque retorcido. Sin embargo, el verdadero asombro llega con el inesperado giro que se presenta en el tercer acto.
Está destinado a agradar a mucha gente, gracias a la extravagante y francamente divertida matriarca que protagoniza la historia. Hay algo especial y casi mágico en Julita.
Un hermoso drama que además es profundamente respetuoso con la dignidad y la personalidad de los niños más jóvenes. Tiene un giro narrativo central mágico.
La química entre los tres actores principales es naturalmente familiar. Casi todo resulta convincente, pero algunas relaciones parecen demasiado planificadas, lo que genera una sensación de repetición.
Brutalmente efectiva y profundamente deprimente. Como un mago que desvía la atención, Popescu utiliza la repetición y la banalidad para disminuir el impacto de las escenas.
No llega a ser tan profunda como sus obras más recientes, ni evoca la misma carga emocional que sus piezas más aclamadas, pero deja una huella con su melancólica sabiduría y una apreciación sincera de la magnificencia del mundo.
Ofrece observaciones bastante precisas sobre el luto, pero se siente distante y no desarrolla sus ideas más impactantes, ya que se enfoca en un retrato conciso que resulta algo flojo.
Su enfoque humanista aboga por la celebración y el apoyo a la inmigración en América, mucho más de lo que podría lograr una película que generara controversia.