Sobresaliente testimonio de amor al cine, es un evocador puente entre nuestra actualidad fílmica, repleta de excesos digitales y producciones efectistas, y el clásico Hollywood que irradia una innegable aura de fábrica de sueños.
La química entre los actores es su mayor fortaleza, brindando momentos divertidos e ingeniosos. Sin embargo, el discurso resulta débil, dejando la impresión de que la película podría haber sido más que solo un entretenido pasatiempo.
No escapa a algunas situaciones que superan la credibilidad del argumento, sin embargo, la aventura es tan sincera y amena que resulta sencillo ignorarlas.
Una de las mejores películas mexicanas de los últimos años, una seductora y escalofriante llamada de atención a esa realidad que la burbuja urbana, la podredumbre de las instituciones y nuestro propio desdén, nos impide ver.
La forma en que se presenta la información da la sensación de ser obsoleta. Sin embargo, su relevancia como testimonio es indiscutible y continúa siendo una importante llamada de atención.
La narrativa puede volverse incoherente en ciertos momentos y el absurdo se usa en exceso. Sin embargo, eso es parte del encanto de la serie, logrando que muchos instantes cómicos estén impregnados de la melancólica inquietud que provoca la festividad navideña.
Una película con un ritmo irregular que busca únicamente brindar entretenimiento sin pretensiones, dirigida exclusivamente a los aficionados al subgénero.
La cámara busca romper barreras personales, generando tanto fascinación como incomodidad en quienes lo ven, lo que se convierte en la esencia de esta historia.
El regodeo en ciertas secuencias disminuye la cohesión de la obra, que ya sufre por una falta de continuidad en el uso de los códigos de lenguaje de un episodio a otro.
Es llamativa como ejercicio y deja en el aire la idea de que el tema podría volver a abordarse de manera más comprometida y sacándole mucho mayor provecho en otro trabajo fílmico.
La película transforma las canciones en elementos fundamentales de la narrativa, dándoles un papel clave en la conducción emocional. Se presenta como una superproducción, con una realización que roza la perfección.