Un producto sólido que no engaña a nadie en cuanto a sus pretensiones como entretenimiento, y por el contrario sorprende con la lucidez para delinear su concepto, el dinamismo de su desarrollo y el espectacular acabado visual.
El concepto es muy prometedor, pero se ha transformado en un producto convencional. Su diseño y calidad son aceptables, y se enfoca en ir directo al grano, lo cual contribuye a un ritmo adecuado.
Una nueva prueba de que los zombis pueden adaptarse a diversos enfoques y generar distintas experiencias. Es una propuesta atractiva, libre de los estereotipos típicos de Hollywood.
Es una obra sugestiva que trasciende el género al que inicialmente podría asociarse. Explora el terror, la fantasía y el drama, logrado sin menospreciar los códigos que fundamentan su concepto.
Carece de la intensidad necesaria como película de terror, pero el drama se mantiene y se alimenta de la fantasía retorcida que caracteriza a la brillante obra original, lo que la convierte en una propuesta interesante y entretenida.
Una obra cinematográfica aterradora y emocional, que también refleja una experiencia íntima del director, consolidándose como una de las mejores producciones mexicanas en el género en años recientes.
Nuestra querida ex del Joker, al igual que Margot Robbie, merecían una mucho mejor película y no lo que, al final, se convierte sólo en un descuidado, y por momentos divertido, vehículo de entretenimiento.
Su encanto radica en la forma en que reivindica, mediante la ingenuidad, el camino de aquellos que son vistos como perdedores, ofreciendo un mensaje de optimismo que resulta esencial en la actualidad.
Una propuesta cinematográfica canadiense que utiliza un acontecimiento real dentro de un esquema familiar. No obstante, logra destacarse y ofrecer una grata sorpresa al espectador.
El aspecto menos convincente de "El valle de Concavenator" radica en las intervenciones de las supuestas promotoras, cuyas líneas de diálogo parecen forzadas y pretenden replicar la planificación y ejecución de la obra sin éxito.
Una propuesta estilizada repleta de frescura y encanto que, sin perder de vista su objetivo de entretener, incorpora elementos de reflexión, aportando un nuevo matiz a la tradicional fórmula de la comedia romántica.
En su punto más álgido entrega imágenes de inquietante belleza que se alimentan del espíritu de los viejos pulps y a la melancólica fantasía de Ray Bradbury.
La obra ofrece una mirada clara y cautivadora sobre la dura conexión entre la fama y la niñez, destacando los riesgos asociados al camino que recorren los menores en el mundo de la televisión y el cine.
El transitar es implosivo, la cámara evita los artificios y apuesta por la sutileza vestida de parsimonia, para encontrar la evocación en sugestivas postales que proyectan la mirada de su protagonista.
No es una obra que aporte en términos cinematográficos, pero ofrece un retrato tan placentero como valioso sobre esos Héroes del Silencio que lograron hacerse escuchar hasta tocar el cielo.
Catherine Gund, de Australia, y Daresha Kyi, de EE. UU., crean un retrato que, a pesar de idealizar en ocasiones y perder algo de conexión con el público, explora en profundidad más allá de los temas evidentes.
Se balancea, pero nunca se derrumba y se convierte en un cautivador retrato de Irán, que por si fuera poco también resultará muy interesante para los melómanos.