Nada es igual después de Sorogoyen. El cineasta consolida un estilo transparente, crudo y auténtico que abre nuevos caminos en el ámbito audiovisual. Sus obras se asemejan a una obra magistral.
Un filme que resulta predecible y monótono, recordando de manera poco brillante a "Terminator 3". La única actuación destacable es la de Gabriel Byrne.