Con muchos aspectos técnicos acertados que se ajustan perfectamente a la premisa, Serebrennikov ha hecho una obra ambiciosa, pero su vuelta constante a los mismos temas sin mayor análisis cansa rápido.
Un thriller político incisivo y lleno de tensión que aborda la religión de manera auténtica y sin prejuicios, presentando una perspectiva fresca en un contexto donde los musulmanes a menudo son malinterpretados.
Conmovedora y bien interpretada, esta obra invita a la audiencia a confrontar la realidad y a reflexionar sobre la inevitabilidad de la muerte, así como sobre la división entre aquellos que han vivido el sufrimiento y quienes no lo han experimentado.